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¿Impulsividad, relaciones tóxicas o ansiedad que no mejora? Tal vez no sea solo ansiedad: descubre cómo la TFP puede ayudarte

¿Te has sentido atrapado en los mismos patrones una y otra vez? Relaciones que terminan igual, decisiones impulsivas que luego lamentas, ansiedad constante que no se va aunque ya has probado varias terapias… Si esto te suena familiar, tal vez haya algo más profundo que abordar: tus patrones de personalidad.

En este artículo de Mente desde Casa, exploramos cómo la Terapia Focalizada en la Transferencia (TFP), una forma especializada de psicoterapia, puede ayudarte a entender y transformar esos patrones que te sabotean una y otra vez. Aunque nació como tratamiento para los trastornos de personalidad, hoy en día se usa también con éxito en personas que no cumplen criterios diagnósticos formales, pero sí tienen rasgos que interfieren con su bienestar emocional y sus relaciones.

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Impulsividad, irritabilidad, relaciones complicadas, ansiedad que no cesa

¿Qué es la Terapia Focalizada en la Transferencia (TFP)?

La TFP es una psicoterapia de base psicoanalítica desarrollada por Otto Kernberg, diseñada inicialmente para tratar trastornos de personalidad graves, especialmente el trastorno límite de la personalidad (TLP). Su objetivo principal es lograr un cambio estructural y profundo en la forma en que una persona se percibe a sí misma y a los demás.

Pero no te asustes con palabras como «psicoanalítico» o «trastorno límite». En realidad, la TFP puede ser una herramienta valiosísima para personas que:

  • Viven relaciones tormentosas o repetitivas.

  • Son muy sensibles al rechazo o a la crítica.

  • Tienen explosiones de rabia difíciles de controlar.

  • Sienten que su identidad cambia según con quién están.

  • Les cuesta confiar o sentirse estables emocionalmente.

  • Luchan con una ansiedad o vacío que ninguna otra terapia ha podido aliviar del todo.

¿Por qué la TFP no es solo para “trastornos graves”?

Aunque su desarrollo se centró en casos más complejos, cada vez más investigaciones y experiencias clínicas demuestran que la TFP también es eficaz para:

  • Rasgos de personalidad disfuncionales (sin llegar a ser un trastorno).

  • Problemas de identidad o sentido vital.

  • Dificultades persistentes en relaciones personales.

  • Ansiedad o depresión resistentes al tratamiento.

  • Conductas impulsivas o autolesivas recurrentes.

En pocas palabras: si sientes que hay una especie de “nudo invisible” que te impide avanzar, que siempre vuelves al mismo punto aunque cambies de entorno, pareja o trabajo… tal vez lo que necesitas es mirar más profundo. Y ahí es donde entra la TFP.

¿Qué hace diferente a la TFP frente a otras terapias?

Muchas terapias buscan aliviar síntomas. Y eso está bien: aprender a respirar, manejar pensamientos negativos o mejorar habilidades sociales puede ayudarte mucho. Pero a veces, los síntomas vuelven… porque la raíz del problema sigue ahí.

La TFP busca trabajar directamente con el núcleo de la personalidad, en el lugar donde se originan los conflictos internos que luego se traducen en síntomas como ansiedad, ira, aislamiento, celos, culpa o miedo al abandono.

Su enfoque se basa en tres grandes pilares:

1. La transferencia: el espejo relacional

El nombre de la terapia lo dice todo. “Transferencia” es un concepto que describe cómo repetimos en el presente formas de relacionarnos que aprendimos en el pasado, especialmente en la infancia.

En la TFP, el terapeuta presta atención a cómo el paciente revive esos patrones dentro de la relación terapéutica, ya sea confiando demasiado rápido, sintiéndose rechazado, idealizando, desconfiando o poniéndose a prueba constantemente.

Eso no se juzga: se explora juntos, para que la persona pueda entender de dónde vienen esas reacciones y empezar a modificarlas.

2. La integración de partes del self: reconstruyendo la identidad

Muchas personas que acuden a TFP sienten que dentro de ellas hay «varias versiones» en conflicto. Un día se sienten invencibles; al siguiente, se odian. A veces aman intensamente y luego rechazan con la misma fuerza. O sienten que su yo cambia según quién tienen delante.

La TFP ayuda a integrar esas partes fragmentadas, que suelen estar ligadas a experiencias emocionales intensas no digeridas del pasado.

3. El encuadre y el contrato terapéutico claro

La TFP pone mucho énfasis en crear un marco seguro y estructurado: horarios claros, normas de relación, objetivos definidos. Esto ayuda a personas que a menudo han vivido relaciones caóticas o impredecibles y necesitan un entorno estable para poder profundizar.

¿Cómo es una sesión de TFP?

Aunque cada terapeuta tiene su estilo, en general:

  • Las sesiones suelen ser 1 o 2 veces por semana.

  • Se trabaja de forma intensiva con el aquí y ahora de la relación terapéutica.

  • No se dan “consejos” ni tareas, sino que se exploran juntos los patrones emocionales y relacionales que surgen.

  • Hay un esfuerzo constante por nombrar y reflexionar sobre los estados emocionales internos, incluso los contradictorios.

La experiencia puede ser intensa, pero también profundamente transformadora.

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Pepe Serrano, Psiquiatra y Psicoterapeuta en Mente desde Casa, experto en TFP

TFP y trastornos de personalidad: más allá del estigma

Muchas personas evitan buscar ayuda por miedo a etiquetas como “trastorno de personalidad”. Sin embargo, tener un trastorno de personalidad no significa estar “roto” ni ser “irrecuperable”. Simplemente, implica que ciertas formas de pensar, sentir y relacionarse se han vuelto rígidas, dolorosas y repetitivas, dificultando una vida plena.

La buena noticia es que los trastornos de personalidad son tratables, y la TFP ha demostrado ser una de las terapias más eficaces, especialmente en el TLP.

Un metaanálisis de 2020 (Clarkin et al.) mostró que la TFP reduce la impulsividad, los intentos de autolesión, la ira, los síntomas depresivos y mejora las relaciones personales. Incluso se han observado cambios en la estructura de la personalidad tras un tratamiento prolongado.

Pero… ¿y si no tengo un diagnóstico? ¿También me puede ayudar?

Absolutamente sí.

Muchos pacientes que acuden a consulta no tienen un “trastorno de personalidad” en términos clínicos, pero sí presentan rasgos que les hacen sufrir:

  • Excesiva sensibilidad a la crítica.

  • Baja tolerancia a la frustración.

  • Tendencia a idealizar o devaluar a los demás.

  • Cambios bruscos en el estado de ánimo.

  • Estilos de apego desorganizados o evitativos.

  • Dificultades crónicas en relaciones afectivas o laborales.

En Mente desde Casa trabajamos con personas que no siempre encajan en etiquetas diagnósticas, pero sí en procesos de sufrimiento reales y persistentes. Y la TFP es una vía para abordar esos patrones en su raíz.

¿Cuánto dura una terapia TFP?

No es una terapia breve, aunque tampoco eterna. En general, se habla de un proceso de al menos 1-2 años para obtener cambios estructurales sostenibles. Pero, a diferencia de otras psicoterapias, el objetivo no es solo “sentirse mejor”, sino funcionar mejor emocional y relacionalmente, a largo plazo.

La duración dependerá del caso, del compromiso con el proceso y del tipo de dificultades a trabajar.

¿Es para todo el mundo?

La TFP requiere:

  • Un cierto nivel de estabilidad (aunque estés sufriendo).

  • Compromiso con el proceso, aunque sea desafiante.

  • Curiosidad por uno mismo y voluntad de mirar hacia dentro.

No es el mejor abordaje para crisis agudas donde hay riesgo vital, psicosis activa o adicciones no tratadas. Pero en combinación con otras intervenciones (medicación, apoyo psicosocial, tratamiento de base), puede ser un pilar clave en la recuperación.

¿Cómo saber si necesito una terapia como la TFP?

Si te sientes identificado con varios de estos puntos, podría ser útil una evaluación:

✅ Sientes que tus relaciones siguen un patrón tóxico aunque intentes cambiarlas.
✅ Luchas con impulsividad, celos, rabia o vacío constante.
✅ Tienes la sensación de no saber quién eres o cambias mucho según el entorno.
✅ Has hecho terapia antes, pero siempre acabas abandonando o sintiéndote incomprendido.
✅ Tus emociones son muy intensas y difíciles de regular.
✅ Hay una parte de ti que quiere cambiar, pero otra que se resiste o sabotea.

Si es así, podrías beneficiarte enormemente de un tratamiento basado en TFP o con enfoque similar.

Conclusión: cuando los síntomas son solo la punta del iceberg

A veces no es solo ansiedad, no es solo impulsividad, no es que tengas mala suerte en el amor. A veces, lo que hay es una forma de estar en el mundo que aprendiste hace mucho, y que sigues repitiendo sin darte cuenta.

La Terapia Focalizada en la Transferencia es un viaje profundo hacia la raíz de esos patrones. No es fácil, pero puede ser liberador.

Si sientes que tu ansiedad, tus relaciones o tu identidad te están pasando factura… tal vez sea hora de dejar de culparte y empezar a comprenderte.

Y ahí, la TFP puede ser un faro.

¿Quieres saber más o empezar tu proceso?

En Mente desde Casa ofrecemos atención profesional, cercana y basada en evidencia para ayudarte a cambiar los patrones que más te hacen sufrir. Trabajamos desde enfoques como la TFP, adaptando cada proceso a tus necesidades.

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Bibliografía

Clarkin, J. F., Levy, K. N., Lenzenweger, M. F., & Kernberg, O. F. (2007). Evaluating three treatments for borderline personality disorder: A multiwave study. American Journal of Psychiatry, 164(6), 922–928. https://doi.org/10.1176/ajp.2007.164.6.922

Kernberg, O. F. (2006). Aggressivity, narcissism, and self-destructiveness in the psychotherapeutic relationship: New developments in the psychopathology and psychotherapy of severe personality disorders. Yale University Press.

Kernberg, O. F. (2016). The treatment of patients with borderline personality organization: A technical approach. Journal of Personality Disorders, 30(5), 607–624. https://doi.org/10.1521/pedi_2016_30_258

Yeomans, F. E., Clarkin, J. F., & Kernberg, O. F. (2015). Transference-Focused Psychotherapy for Borderline Personality Disorder: A Clinical Guide. American Psychiatric Publishing.

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