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¿Tienes TDAH o sólo estás agotado? La trampa del autodiagnóstico en redes sociales.

En los últimos años se ha disparado la tendencia a autodiagnosticarse trastornos como el TDAH o el TEA tras ver  vídeos en redes, hacer algún test sin validez científica o leer un post con el que te sientes identificado. Aunque esto refleja un mayor interés por la salud mental, también plantea un riesgo importante: confundir el malestar emocional con un trastorno clínico.

Autodiagnóstico: una práctica cada vez más común.

No todo malestar emocional es un trastorno

En plataformas como TikTok, Instagram o YouTube, abundan los contenidos que presentan síntomas de trastornos mentales de forma simplificada y generalizada. Muchos usuarios terminan pensando: «eso también me pasa a mí, seguro que tengo TDAH o soy autista«, sin haber pasado por una evaluación profesional (Foster & Ellis, 2024; Karasavva et al., 2025).

Esta exposición constante puede aumentar la conciencia emocional, pero también distorsionar la percepción de uno mismo y generar una identificación errónea con etiquetas clínicas.

¿Qué hace falta para un diagnóstico real?

Para que un diagnóstico como el TDAH o el TEA sea válido, no basta con cumplir algunos sintomas. Según el DSM-5-TR, deben cumplirse criterios específicos en número, duración, intensidad y repercusión funcional (American Psychiatric Association 2022). Es decir, los síntomas deben interferir de manera significativa en la vida cotidiana: en el trabajo, las relaciones o la autonomía personal. 

Un diagnóstico implica evaluar no solo lo que se siente, sino cómo eso impacta en distintas áreas del día a día. Además, debe descartarse que el origen del malestar se deba a otras causas (estrés, trauma, duelo etc). Esto requiere una valoración cuidadosa y profunda, no un formulario online o un vídeo viral.

No todo sufrimiento es un trastorno.

Es muy humano buscar explicaciones a lo que sentimos; pero el malestar emocional no siempre equivale a una patología (y esto es una buena noticia). Vivimos tiempos muy exigentes, con niveles altos de ansiedad, cansancio y frustración. A veces, lo que necesitamos no es una etiqueta, sino un espacio donde poder hablar, ordenar lo que sentimos y encontrar nuevas formas de estar en el mundo (Tse & Haslam, 2024). 

Confundir una reacción adaptativa (como el estrés ante un trabajo exigente o el dolor emocional tras una ruptura) con un trastorno mental puede tener consecuencias importantes:

     ·Puede llevar por ejemplo, a que la persona asuma que no tiene margen de maniobra o que todo debe solucionarse con medicación, cuando quizás lo que necesita es aprender nuevas estrategias de afrontamiento.

     ·Puede generar una visión fija de uno mismo («soy una persona con TDAH, por eso no puedo concentrarme«), que sustituye la posibilidad de cambio por una identidad limitada.

En resumen, no es que el sufrimiento no exista -al contrario, suele ser muy real-, pero requiere de una lectura más profunda y personalizada. Llamar trastorno a todo lo que duele es una forma de acallar matices. Y los matices, en salud mental, lo son casi todo (Ahuja & Fichadia, 2024). 

Las redes como espejo (a veces distorsionado)

Muchas personas se sienten identificadas con ciertos contenidos en redes sociales. Pero hay que tener en cuenta que estos videos suelen tener fines virales, simplifican realidades complejas y no distinguen entre rasgos y trastornos. Además, algunos creadores pueden reforzar estereotipos o fomentar el uso de etiquetas como forma de pertenencia o justificación del malestar (Rettew, 2024). Dejando al margen que muchos de estos creadores ni siquiera son profesionales de salud mental, son influencers que, aunque no siempre sea con mala intención, pueden estar haciendo más daño que beneficio. La salud mental está de moda, y es nuestra misión también reivindicar que no somos un meme, es un asunto serio.

En algunos casos, esto se traduce en frases como: «yo soy así porque tengo TDAH o porque soy TEA«, lo que si bien puede tener un componente de autocomprensión, también puede convertirse en una trampa: una excusa para no cambiar lo que sí está en tu mano, o una forma de evitar la responsabilidad emocional sobre ciertas conductas.

Entonces, ¿qué puedo hacer?

Si sientes que algo no va biente cuesta concentrarte, regular tus emociones, mantener relaciones estables o cuidar de ti– es importante escuchar esa señal. Pero en lugar de buscar respuestas rápidas, te invitamos a hacerlo con tiempo, con acompañamiento y con una mirada clínica que no se quede en superficie. 

Un profesional de salud mental puede ayudarte a explorar que hay detrás de tus síntomas, qué vivencias o patrones los sostienen y que camino de cambio puedes recorrer, sea o no con un diagnóstico específico. 

Porque a veces, lo más transformador no es ponerle un nombre a lo que te pasa…sino atreverte a entenderlo con profundidad. 

¿Cómo trabajamos en Mente desde Casa?

En nuestra consulta online ofrecemos un enfoque integral:

  • Psicoterapia: para ayudarte a identificar los patrones que mantienen la ansiedad, aprender a regularla y mejorar tu relación contigo mismo/a.
  • Psiquiatría: en caso de que sea necesario valorar un apoyo farmacológico, siempre de forma cuidadosa y personalizada.

Además, al ser online, puedes acceder desde cualquier lugar con privacidad, comodidad y sin desplazamientos.

¿Te resuena esto?

En Mente desde casa te acompañamos sin juicios ni etiquetas innecesarias. Con cercanía, profesionalidad y un enfoque verdaderamente humano.

Referencias (formato APA)

Ahuja, J., & Fichadia, P. A. (2024). Concerns regarding the glorification of mental illness on social media. Cureus, 16(3), e56631. https://doi.org/10.7759/cureus.56631

American Psychiatric Association. (2022). Diagnostic and statistical manual of mental disorders (5th ed., text rev.).

David, A. S. (2024). Dangers of self-diagnosis in neuropsychiatry. Psychological Medicine, 54(6), 1057–1060. https://doi.org/10.1017/S0033291724000308

Foster, A., & Ellis, N. (2024). TikTok-inspired self-diagnosis and its implications for educational psychology practice. Educational Psychology in Practice, 40(4), 491–508. https://doi.org/10.1080/02667363.2024.2409451

Karasavva, V., Miller, C., Groves, N., Montiel, A., Canu, W., & Mikami, A. (2025). A double-edged hashtag: Evaluation of #ADHD-related TikTok content and its associations with perceptions of ADHD. PLOS ONE, 20(3), e0319335. https://doi.org/10.1371/journal.pone.0319335

Rettew, D. C. (2024). Internet inspired self-diagnosis: A new phenomenon calling for an old approach. Journal of the American Academy of Child & Adolescent Psychiatry, 63(1), 90–91. https://doi.org/10.1016/j.jaac.2023.08.017

Tse, J. S. Y., & Haslam, N. (2024). Broad concepts of mental disorder predict self-diagnosis. SSM – Mental Health, 6, 100326. https://doi.org/10.1016/j.ssmmh.2024.100326

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