¿Por qué se usan antidepresivos para la ansiedad?
Cuando a una persona le dicen que le han recetado un antidepresivo para la ansiedad, la primera reacción suele ser de confusión.
«¿No será un error? Yo no estoy deprimido, tengo ansiedad.»
Sin embargo, no es un error. Desde hace décadas, la investigación científica y la práctica clínica han demostrado que muchos antidepresivos son una de las opciones más eficaces para tratar distintos trastornos de ansiedad.
Este artículo busca explicar, de manera clara y cercana, por qué funcionan, en qué se diferencian de los ansiolíticos y cómo se utilizan dentro de un plan terapéutico más amplio.
Antidepresivos y ansiedad: rompiendo el mito
El nombre puede confundir, pero los antidepresivos no se usan solo en la depresión.
En realidad, son fármacos que actúan sobre los neurotransmisores del cerebro, regulando sistemas que están alterados tanto en la ansiedad como en la depresión.
Los más utilizados en la actualidad son los ISRS (Inhibidores Selectivos de la Recaptación de Serotonina), como la sertralina, escitalopram, fluoxetina o paroxetina, que han demostrado ser eficaces en:
Trastorno de ansiedad generalizada.
Trastorno de pánico.
Fobia social.
Trastorno obsesivo-compulsivo (TOC).
Estrés postraumático.
De hecho, muchas guías clínicas (como la de la American Psychiatric Association o el NICE en Reino Unido) los señalan como tratamiento de primera línea frente a la ansiedad, incluso antes que los ansiolíticos clásicos.
¿Cómo funcionan los antidepresivos en la ansiedad?
El cerebro utiliza distintos neurotransmisores (como la serotonina, dopamina y noradrenalina) para regular el estado de ánimo, el miedo y la respuesta al estrés.
En la ansiedad, suele haber una hiperactivación de ciertos circuitos cerebrales, especialmente en la amígdala (zona relacionada con el miedo) y una falta de regulación en áreas frontales que ayudan a calmar esa respuesta.
Los antidepresivos ISRS e ISRN (inhibidores de la recaptación de serotonina y noradrenalina) ayudan a:
Aumentar la disponibilidad de serotonina, mejorando la regulación emocional.
Reducir la reactividad exagerada ante estímulos estresantes.
Disminuir los síntomas físicos de la ansiedad (palpitaciones, tensión muscular, insomnio).
Favorecer la neuroplasticidad, es decir, que el cerebro aprenda nuevas formas de respuesta menos ansiosas.
Eso sí: su efecto no es inmediato. Tardan entre 3 y 6 semanas en hacer efecto, lo que puede generar impaciencia al inicio.
Me han recetado un antidepresivo pero tengo ansiedad: ¿es un error?
Antidepresivos vs ansiolíticos: ¿en qué se diferencian?
Mucha gente asocia el tratamiento de la ansiedad con los ansiolíticos clásicos, como lorazepam (Orfidal), diazepam (Valium) o bromazepam (Lexatin).
Estos medicamentos tienen un papel, pero muy diferente al de los antidepresivos.
✅ Ventajas de los ansiolíticos (benzodiacepinas):
Actúan rápido (en minutos u horas).
Reducen la intensidad de una crisis de ansiedad.
Son útiles al inicio del tratamiento, mientras el antidepresivo aún no ha hecho efecto.
⚠️ Problemas de los ansiolíticos:
Generan tolerancia: con el tiempo hacen menos efecto.
Producen dependencia: cuesta dejarlos después de un uso prolongado.
Efectos secundarios: somnolencia, dificultad de concentración, alteraciones de memoria.
Por eso, se suelen usar solo a corto plazo o de forma puntual, mientras los antidepresivos hacen su trabajo a largo plazo.
En palabras simples:
Los ansiolíticos son un parche inmediato.
Los antidepresivos son una muleta que ayuda a sostenerse a largo plazo.
Tipos de antidepresivos usados en la ansiedad
Aunque los ISRS son los más recetados, existen varias familias de antidepresivos que pueden utilizarse según la situación clínica:
1. ISRS (Inhibidores selectivos de la recaptación de serotonina)
Ejemplos: sertralina, fluoxetina, escitalopram, paroxetina.
Primera elección en la mayoría de trastornos de ansiedad.
Suelen ser bien tolerados.
2. ISRN (Inhibidores de la recaptación de serotonina y noradrenalina)
Ejemplos: venlafaxina, duloxetina.
Útiles en ansiedad generalizada, fobia social y dolor crónico asociado.
3. Antidepresivos tricíclicos
Ejemplo: clomipramina.
Muy eficaz en TOC, aunque con más efectos secundarios que los ISRS.
4. Otros antidepresivos
Ejemplo: mirtazapina.
Puede usarse cuando hay ansiedad con insomnio importante.
Efectos secundarios: lo que debes saber
Uno de los mayores temores de quienes empiezan un antidepresivo para la ansiedad es el de los efectos secundarios.
Algunos comunes al inicio son:
Náuseas leves.
Dolor de cabeza.
Alteraciones del sueño.
Sensación de inquietud en los primeros días.
La buena noticia es que suelen ser transitorios y desaparecen en 1-2 semanas.
En cambio, los beneficios se mantienen a largo plazo.
Por eso es clave no suspender el tratamiento de golpe ni desanimarse en los primeros días.
¿Significa esto que SIEMPRE que esté nervioso necesito llevar un antidepresivo?
Rotundamente NO. Estar nervioso o experimentar nervios ante situaciones «normales» que te pueden provocar esto (ej: antes de una prueba médica, época de exámenes etc) no significa ni suele requerir atención médica, son emociones y situaciones que debemos transitar y experimentar. La ansiedad no es esto, la ansiedad es un estado de hipervigilancia y estrés que además, no siempre requiere que haya un estímulo «real» que esté causando esta amenaza (aunque el individuo sienta que sí).
Y es más, no todas las personas que experimentan ansiedad necesitan tampoco antidepresivos ni ansiolíticos, cada caso debe valorarse individualmente.
Antidepresivos y terapia psicológica: el mejor equipo
El uso de antidepresivos para la ansiedad no debe entenderse como un sustituto de la terapia psicológica.
En realidad, funcionan mejor juntos.
La medicación reduce la intensidad de los síntomas.
La terapia ayuda a aprender nuevas formas de manejar la ansiedad.
La combinación aumenta la probabilidad de recuperación y reduce el riesgo de recaídas.
Una herramienta, no un castigo
Tomar un antidepresivo no significa que estés más grave ni que dependas de él para siempre. Significa que tu cerebro necesita un poco de ayuda para recuperar el equilibrio. Y pedir ayuda nunca es un fracaso, es un paso hacia cuidarte mejor.
📚 Bibliografía y referencias
American Psychiatric Association. (2023). Practice Guideline for the Treatment of Patients With Anxiety Disorders.
NICE. (2023). Generalised anxiety disorder and panic disorder in adults: management.
Stahl, S. (2021). Stahl’s Essential Psychopharmacology. Cambridge University Press.
Baldwin, D. S., & Polkinghorn, C. (2020). Evidence-based pharmacotherapy of generalized anxiety disorder. International Journal of Neuropsychopharmacology.
WHO. (2023). Depression and Other Common Mental Disorders: Global Health Estimates.